El Día del Maestro es una fecha para reivindicar la labor de los docentes en las escuelas.
También es para recordar y valorar los motivos que les hacen estar todos los días frente al aula siendo la vocación el punto de inicio, el compromiso social más allá de la transmisión de conocimientos y el rol profesional que lo caracteriza y distingue como formador de ciudadanía.
El maestro significa disponer de sabiduría para discernir, de humildad para comprender y de estar atento a la realidad que vive el alumno, de hacerse solidario con él, de ser formador y guía de ese corazón que espera para ser “corazón de educando”.
El maestro sabe que su labor no es nada fácil ni sencilla; hay realidades difíciles y complicadas en el aula, en la escuela, que provienen de situaciones familiares, de la sociedad que nos toca vivir y que requieren establecer una relación personal, generosa, comprensiva y afectiva con el alumno y poder decirle ”contá conmigo”. Orientar la mirada a los nuevos desafíos y avanzar decidido en estos tiempos de cambio que nos sorprenden y sacuden, centrados muchas veces por la intolerancia, la falta de recursos, la superficialidad, la ineficiencia y la banalización, allí está el maestro para saber dar a sus alumnos razones para vivir en la verdad, la justicia, la solidaridad, la pertenencia e identidad cultural.
Ser maestro es una tarea de enorme responsabilidad que se asume con pasión, con orgullo, con la ilusión de brindarse todo cada día por los alumnos, unidos y aprendiendo con ellos el camino del aprendizaje y los saberes, la responsabilidad, la superación de errores, el vencer obstáculos, la alegría de compartir, la generosidad de saber perdonar y ayudarlos a ser “buenas personas”, creando en ellos la cultura del trabajo en equipo, de emocionarse, de jugar, divertirse, participar y arrancar de cada uno de ellos la belleza que está en lo interior de su ser.



