Colón sumó su nombre a la larga y gloriosa lista de campeones del fútbol argentino. Y no hay nada que objetar. Ganó la Copa de la Liga Profesional porque empezó y terminó a toda orquesta. Sumó triunfos en seis de los primeros ocho partidos del torneo. Después sufrió un bajón y logró una victoria en los seis juegos posteriores. Y en las semifinales recobró su esplendor: derrotó 2-0 a Independiente y 3-0 a Racing para anotar su primer título profesional desde que en 1966 alcanzó la máxima categoría.
Hay un mérito adicional: a la definición en San Juan, faltaron algunos jugadores importantes. Y el técnico Eduardo Domínguez no perdió la cabeza. En la defensa se lesionaron el lateral titular (Erik Meza), el primer central (Paolo Goltz) y su reemplazante natural (Bruno Bianchi), y hubo que cambiar el esquema: se pasó de la línea de cinco a la la línea de cuatro en el fondo y el equipo mantuvo la eficiencia: de hecho no sufrió goles en los dos partidos. Rafael Delgado tampoco pudo jugar ante Racing por acumulación de tarjetas amarillas y lo reemplazó Gonzalo Escobar. O sea: jugó la final con tres defensores suplentes y terminó con el arco en cero.



