Tanto en discursos de Cristina Fernández de Kirchner como en otros ámbitos comenzó a tomar fuerza la idea de discutir el carácter bimonetario de la economía argentina, situación que genera la constante demanda de dólares (“adicción”, la definió la vicepresidenta para ciertos casos) ya no sólo para importaciones, pagos externos y gastos de viajes, necesidades normales en otros países, sino también para ahorro y la irracionalidad de de tener que pagar bienes en la propia Argentina con dólares.
Cristina Fernández de Kirchner propuso debatir y cambiar esta matriz de funcionamiento de la economía local, y se sabe de algunos estudios que sopesan caminos posibles.
Para no ir tan lejos, Uruguay es un vecino también con rasgos de economía bimonetaria, pero mucho más pequeña y que no le genera mayores problemas. En cambio, otros dos países como Brasil y Chile no padecen de una economía dual. Sí tienen, como en todo el capitalismo actual, un elevado grado de concentración pero el aumento del índice de precios es, sin embargo, bajo e incide en esto el hecho de que el precio del dólar no les marque el paso, de modo que no erosione en forma permanente el valor de la moneda local.
En Chile hubo una reciente movida cambiaria fuerte y un salto inflacionario por factores internos (incertidumbre si habrá o no nueva Constitución, según el resultado del plebiscito de septiembre) y externos (guerra en Ucrania e impacto en precios, baja en la cotización del cobre, principal producto de exportación).
Esto hizo subir la paridad con la divisa estadounidense de un rango de 700/800 a 1000 pesos chilenos. Y la inflación promedio de 3 a 4 por ciento anual subió a 12,5 por ciento, ambos valores inusuales aunque el segundo envidiable para la economía argentina. Fuera de esa coyuntura, el índice precios y el tema dólar no han sido relevantes en la vida cotidiana de los chilenos.
El sistema chileno de Unidad de Fomento
La razón principal es el equilibrio macroeconómico general y la falta de cultura de utilizar dólares de los trasandinos, que no ahorran ni tienen que pagar bienes en billetes verdes sino en su propia moneda (el peso chileno). Pero otro motivo importante es el esquema de Unidad de Fomento (UF) que rige hace más de medio siglo. Salvo en la dictadura 1973-1990, cuando se manipularon las cifras, la transparencia del índice también es un factor a considerar
«Hoy hay una tendencia coyuntural equivocada y riesgosa a dolarizar», dijo a Cash el economista Ricardo Ffrench Davis, de larga trayectoria pública y académica. «Los bancos ofrecen cuentas en dólares sin advertir la volatilidad y algunas personas aceptan ahorrar con este dólar a 1000 pesos. Pero es algo extraordinario, volverá al rango habitual de 800 y van a perder», pronosticó.
Autor de numerosos libros, el último La pandemia neoliberal, Ffrench Davis era un joven subgerente de Estudios del Banco Central en 1967 cuando el presidente Arturo Frei padre instaló las UF. La inflación chilena de entonces era de 25/30 por ciento anual, rango similar al de toda Sudamérica y, por consiguiente, se deterioraba el peso. «Frei quería básicamente estimular el ahorro nacional y luego la UF fue sumando otros usos», señaló.
Marco Kremerman de la Fundación Sol explicó que «el mercado de bienes y servicios en Chile es en pesos, más allá de la moda actual de los bancos de ofrecer cuentas en dólares para atraer ante la incertidumbre. La UF refiere más bien a proteger ahorros y con el tiempo comenzó a usarse para indexar contratos de alquiler, hipotecas, seguros. No lo hizo con los salarios, y esto es un problema. Salvo el 10 por ciento de los trabajadores chilenos que tienen paritarias o casos individuales que pueden negociar mejores términos, el resto pierde ante estos ajustes en cuanto al salario».
Otro índice de indexación
El economista de la UBA de origen chileno José Cárcamo agrega otro índice que sirve para no deteriorar el peso. La UTM, que sigue el mismo principio indexatorio de la UF pero para el cálculo de tributos y alícuotas impositivas. «Chile no tiene una economía bimonetaria como Argentina y el dólar no se usa como reserva de valor desde que colapsó esa suerte de convertibilidad que hubo en 1979-1982», período de la dictadura pinochetista con Sergio de Castro a la cabeza del Ministerio de Hacienda que acabó en una crisis profunda.
Cárcamo recuerda que el tipo de cambio fijo era entonces de 39 pesos por dólar y «el soporte teórico era el enfoque monetario de la balanza de pagos, equivalente a lo que hizo Domingo Cavallo luego en Argentina, basado en las variaciones de las reservas internacionales en función de la base monetaria».
Ffrench Davis recuerda que «se fijó el dólar y luego todo estalló. La estrategia tradicional y exitosa en Chile ha sido la flexibilidad y el crawling peg», es decir un método de devaluación progresiva de la moneda controlada por el Banco Central, que de hecho utilizaron los últimos gobiernos peronistas desde Néstor Kirchner hasta Alberto Fernández, aunque tensionado por los factores mencionados que Chile no sufre.
«Ahora es un momento delicado y extraño -agrega el académico de la Universidad de Chile y asesor de gobiernos de la Concertación-, pero en general Chile ha sido estable en manejar un ‘centro sensible’ en la paridad peso/dólar y eso contribuyó a tener bajo control la inflación, salvo aquel período de la dictadura o antes, cuando en el gobierno de la Unidad Popular, no por culpa de Salvador Allende pero sí de la gestión económica y otros factores, la cotización del dólar enloqueció y los precios se dispararon hasta 500 por ciento en 1973. Creo que la UF sirvió en todo caso para proteger ahorros y manejar bien el ciclo inflacionario».



