La pandemia de coronavirus que se inició en 2019 marcó un antes y un después en la población global. Sin embargo, ese afecto fue mayor aun en los sectores más vulnerables. Los adultos mayores de 60 años no solo integraron los grupos con factores de riesgos por su salud física, además, el confinamiento y las restricciones de movilidad cercenaron sus vínculos con la familia, uno de los grandes sostenes en esa etapa de la vida.
Sin embargo, el malestar psicológico, los problemas de sueño y la falta de consultas médicas que pueden derivar en trastornos de salud a futuro, fueron similares en este grupo que en los adultos jóvenes. No obstante, la depresión y la ansiedad calaron más hondo en aquellos adultos mayores que viven solos.
El envejecimiento es un proceso continuo, heterogéneo e irreversible. Cuando analizamos el envejecimiento individual demos considerar tres tipos de edades, la edad cronológica como el número de años vividos, la edad biológica, que puede no correlacionarse con la anterior, condicionada por el grado de deterioro físico, y la edad psicológica, que se manifiesta a partir de las competencias conductuales y la adaptación de la persona.



