En el Día Internacional del Orgullo, dos situaciones antagónicas ilustran la realidad del colectivo LGTBI+ en Argentina: mientras el Senado convirtió en ley el cupo laboral travesti trans –una norma que pone al país en la vanguardia de políticas afirmativas para esta población-, las autoridades siguen sin poder responder dónde está Tehuel, el joven trans que salió a buscar trabajo y nunca regresó a su hogar.
El orgullo es, desde hace décadas, la estrategia de activismo de las personas de géneros y sexualidades disidentes para reclamar por sus derechos. La visibilidad de sus identidades se transformó en la herramienta para ganar notoriedad y colocar sus demandas en la agenda del debate público. En Argentina, la marea multicolor logró la conquista del matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, el reconocimiento del derecho al aborto de todas las identidades de género con capacidad de gestar y, ahora, normativa para lograr la integración laboral de personas trans, entre otros hitos.
El Estado debe adoptar políticas y mecanismos efectivos que den una respuesta urgente e integral al colectivo LGTBI+. El país avanza por el camino correcto, pero hace falta poner en práctica muchos de los derechos reconocidos en nuestro marco normativo. Es necesario seguir profundizando la transformación para que cada persona pueda vivir su identidad sexual y de género en una sociedad libre de violencia y discriminación. Una sociedad en la que todos sintamos orgullo.



