Desde Jujuy y hasta Tierra del Fuego, las demandas feministas se escucharán en distintas calles, plazas y territorios, como sucede desde 2015 -con la interrupción por la pandemia, aunque nunca se interrumpió la organización.
Por una reforma judicial feminista, por un acompañamiento adecuado a quienes son victimizadas por la violencia machista, por la protección de niños y adolescentes que quedan huérfanos por los femicidios, por el salario para las cuidadoras territoriales y contra la deuda que cada vez agobia más a los hogares son algunas de las exigencias de este Ni Una Menos que retoma la ocupación de las calles.
El 8 de marzo pasado el paro internacional de mujeres en Argentina llevó como demanda central el lema “La deuda es con nosotras y nosotres. Que la paguen quienes la fugaron”, haciendo foco en la violencia económica y patrimonial —tipificada en la ley 26.485 de Protección Integral de las Mujeres. Violencia económica que también tiene una dimensión doméstica muy fuerte y que se expresa a través de diferentes formas como prohibir o sabotear el trabajo de la pareja con distintas estrategias, ejercer control sobre los gastos, impedir o dificultar el acceso a cuentas personales o excluir a la pareja en decisiones sobre el gasto familiar. También se expresa como condicionamiento al pago de la cuota alimentaria, en hacer que la pareja trabaje en un negocio común sin percibir un pago, o incluso robar dinero u ocultar parte del patrimonio.
Todo forma parte de la herencia de un mismo modelo de familia hegemónico y heteropatriarcal que identifica la figura del varón como proveedor y de la mujer como sostenedora del espacio doméstico. Este binomio suele ocultar que el ingreso que obtiene uno de los miembros de la pareja es posible solo por el trabajo no remunerado de cuidado y reproducción de la vida cotidiana que realiza el otro. Cuando ambos trabajan, las formas de la violencia económica implican el conflicto por la distribución de estas tareas de cuidado y sostenimiento que suelen terminar en una sobrecarga sobre las mujeres, con tareas en el ámbito público y en el doméstico.
Según el observatorio Adriana Marisel Zambrano, dirigido por la asociación civil La Casa del Encuentro, y Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLa), desde el 3 de junio de 2015 hasta el 27 de mayo de 2022 hubo 51 transtravesticidios y 1990 feminicidios en el país.
Es por ello que el activismo feminista sigue siendo crucial para influir en procesos políticos que tengan en cuenta las capacidades y derechos de las mujeres argentinas.



