Un reciente monitoreo sociológico realizado a nivel nacional por la consultora Management & Fit reveló un marcado reordenamiento en las inquietudes de la población, situando a la falta de empleo en el tope del listado con un 19,8% de las respuestas tras experimentar una suba de 2,2 puntos respecto al mes de julio.
De este modo, la pérdida o carencia de trabajo desplazó al segundo escalón al encarecimiento del costo de vida y los servicios públicos, área de preocupación que retrocedió al 18,9% tras ceder 3,5 puntos porcentuales. El abanico de las principales demandas de la ciudadanía se completa con el flagelo de la corrupción con un 15,9%, seguido por los episodios de inseguridad que alcanzaron un 13,7% y los índices de pobreza con un 13,5%.
Al trasladar la mirada hacia el plano cotidiano y personal, la investigación ratifica que las dificultades de índole económica acaparan las angustias diarias al representar un abrumador 69,1% de las respuestas de los encuestados. En este ámbito individual, la imposibilidad de afrontar los gastos de fin de mes se consolida como el obstáculo más extendido al registrar un 22,0%, secundado por la insuficiencia de los sueldos percibidos con un 17,2%. En forma paralela, el informe alerta sobre una tendencia al alza en otros factores de tensión doméstica, destacándose la desocupación directa con un 9,4%, los impedimentos para arrendar o acceder a una vivienda propia con un 7,4% y el temor persistente a perder el puesto laboral actual con un 4,5%.
El impacto directo sobre las finanzas familiares muestra un escenario sumamente ajustado, dado que un 52,4% de los hogares manifiesta sufrir privaciones presupuestarias, dividiéndose entre un 31,2% que atraviesa dificultades moderadas y un 21,2% que admite padecer serias complicaciones para cubrir sus necesidades básicas. En el extremo opuesto, apenas un reducido 11,8% de las familias cuenta con margen económico para destinar fondos al ahorro, en tanto que un 33,5% logra administrar sus ingresos de manera justa y sin grandes sobresaltos. Asimismo, el relevamiento deja en evidencia que la presión sobre la economía del hogar se percibe con mayor severidad entre las mujeres, las personas que superan los 40 años y los grupos con menor nivel de instrucción formal.
Respecto al diagnóstico sobre la coyuntura general del país, la percepción desfavorable en torno a la realidad socioeconómica actual experimentó una suba de 1,9 puntos porcentuales entre los meses de julio y septiembre de 2026, escalando al 56,7% e impulsada principalmente por la categoría que considera la situación como “muy mala”, la cual saltó del 32,4% al 38,9%. Por su parte, la perspectiva positiva apenas se ubicó en un 16,8%, reflejando una clara brecha donde los hombres tienden a ser más optimistas y las mujeres muestran una postura más crítica. Esta tendencia se traslada al horizonte futuro a un año, donde las expectativas negativas ascendieron al 46,4% debido al incremento del núcleo más pesimista, mientras que la mirada favorable para los próximos doce meses se posicionó en un 33,8%, repitiendo la misma disparidad según el género de los encuestados.



