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La trama del magnicidio en Haití: infiltración paramilitar y conexión norteamericana

La trama del magnicidio en Haití: infiltración paramilitar y conexión norteamericana
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La última conferencia de prensa oficial, encabezada por Claude Joseph -auto designado presidente interino de Haití- y por Léon Charles, director de la Policía Nacional, precisó por fin el número total de implicados en el asesinato del presidente de facto Jovenel Moïse. Se trata de 28 sujetos, dos norteamericanos -James Solages y Joseph Vincent- y 26 colombianos, militares retirados de las fuerzas armadas de Colombia, según confirmó ayer el Ministerio de Defensa de ese país.

La infiltración de mercenarios y paramilitares, en particular de nacionalidad norteamericana, no es nueva en el país. En febrero de 2019, ocho personas fueron capturadas en el centro de Puerto Príncipe, en las inmediaciones del Banco Nacional de Crédito. A bordo de dos camionetas sin matrícula, llevaban consigo rifles automáticos, pistolas, drones, teléfonos satelitales, un telescopio y chalecos antibalas, según lo informó entonces el propio Miami Herald. Al ser detenidos, adujeron estar en “misión gubernamental”. De qué gobierno, nunca lo aclararon. De los ocho, dos eran de las fuerzas de operaciones especiales de la Armada de Estados Unidos, y uno un ex Marine. Había también otros dos ciudadanos norteamericanos, dos serbios -uno residente en EE.UU.- y un haitiano.

El otro dato de impacto del día de ayer, provino de las declaraciones de Clément Noël al periódico haitiano Le Nouvelliste. Noël, juez de paz de Pétionville, fue el encargado de la indagatoria a los dos mercenarios norteamericanos de origen haitiano. Según ellos, la “misión” era arrestar al presidente y no asesinarlo. Se negaron, sin embargo, a declarar quién habría preparado y patrocinado el operativo, aunque su presentación en la residencia de Moïse como “agentes de la DEA” otorga más pistas que conducen a la participación de los propios Estados Unidos, o al menos a alguna fracción del establishment.

Es claro es que el círculo del drama comienza a cerrarse en torno a esos tres grandes actores: los paramilitares y grupos delincuenciales infiltrados y estimulados desde hace años en el país; los Estados Unidos y su omnipresencia en la escena política haitiana -y también en sus más oscuros entretelones-; y las fracciones rivales de las clases dominantes del país, algunas de las cuales consideraban ya hace tiempo que Moïse era un fusible quemado, y que era tiempo de reemplazarlo por otro que pudiera asegurar sus intereses de una forma más estable y duradera

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