Parece ficción, pero burda. Historias feroces de antes y después de la muerte de Diego Armando Maradona. Un contenedor, guardado en Beccar, en el que aparecen ocho cajas de relojes Hublot y seis de Rolex. Están hasta los certificados de autenticidad, pero no los relojes. Los hijos del ídolo dicen que se los llevó alguien vinculado a Matías Morla, el abogado de Diego. La gente de Morla dice que Diego los regalaba, por ejemplo, a Rocío Oliva o a Daniel Osvaldo. Por otro lado, una cuenta en Suiza donde había 4.400.000 dólares, pero terminó habiendo 2.200.000. Esa plata la sacó Morla y lo acusan de defraudación. Un contenedor en Dubai, pero que apareció saqueado. Los colaboradores de Morla afirman que el robo lo perpetró un hindú, que está detenido y sometido a proceso. Los hijos no creen esa versión.
En el reparto de la herencia se presentaron dos mujeres alegando ser hijas del crack. El ADN, surgido de las muestras del propio cuerpo de Maradona, dio negativo. Ocho profesionales médicos acusados de “infligir sus deberes colocando al paciente en situaciones burdas, incrementando el riesgo y ocasionando el desenlace fatal que de lo contrario hubiera podido evitarse”. Se los acusa nada menos que por homicidio simple, ocho a veinticinco años de cárcel. Una guerra por las marcas originadas en un contrato asombroso y que unos consideran válido y los otros dicen que se firmó porque Maradona estaba “reducido a la servidumbre” y que hubo un aprovechamiento ilegal porque estaba incapacitado mentalmente. Todos estos episodios, deplorables e insólitos, son parte de causas judiciales que se dirimen hoy en distintos juzgados. El final de cada uno de esos expedientes es imprevisible.
Muerte
Los ocho integrantes del equipo médico que atendió a Maradona en los últimos meses antes del 25 de noviembre de 2020 apelaron esta semana la decisión del juez Orlando Díaz de elevar la causa a juicio oral. En las 235 páginas de su escrito, el magistrado explicó que el punto clave de todo lo sucedido está en acta de externación de Diego de la Clínica Olivos. En ese documento, los médicos de Swiss Medical señalaron que Maradona no podía ser dado de alta, que debía ir a un instituto de rehabilitación y no a un domicilio particular. El acta, firmado por el equipo médico y por Dalma y Jana, hijas del Diez, establece que Maradona no admitiría una internación y que sería trasladado a una vivienda en algo que luego se calificó de “atención domiciliaria”.
La junta médica convocada por los fiscales Laura Capra, Patricio Ferrari y Cosme Iribarrren concluyó que la atención del equipo médico fue “inadecuada, deficiencia y temeraria”. Mencionaron, entre otras razones, que no hubo ningún control, que la casa no tenía desfribilador ni tubo de oxígeno ni drogas de emergencia, que la vivienda misma era una calamidad y que ni siquiera se hizo una historia clínica.
Muchos pensaron que el juez Díaz iba a convalidar la detallada labor de los fiscales, pero que cambiaría la calificación por homicidio culposo, es decir un accidente, pero con culpa por la mala praxis médica. Pero tomó el argumento de Capra, Ferrari e Iribarren de que los chats demuestran que veían venir la muerte de Maradona, o sea que se representaron el final catastrófico, sin hacer nada. Por eso mantuvo la calificación de homicidio simple por dolo eventual, que consiste justamente en que hubo responsabilidad, pero incluso viendo que todo terminaría mal.
Todas las defensas apelaron en la semana que terminó este viernes. Vadim Mischanchuk, abogado de la psiquiatra, Agustina Cosachov, señala en sus 54 páginas, entre muchos otros argumentos, que debía respetarse la decisión del paciente, Maradona, que no quería internación, dado que no había intervenido ningún juez y, por lo tanto, no se puede descartar la voluntad y los derechos del paciente. En cualquier caso -sostiene Mischachuk- el riesgo planteado por los médicos no era cardiológico sino relacionado con la adicción al alcohol y el peligro de que no tomara la medicación. Según el letrado, está claro que Diego no consumió alcohol ni dejó de tomar la medicación.
Un punto importante planteado por la junta médica y los fiscales es que, de acuerdo a los testimonios, Maradona estaba hinchado, síntoma claro del edema que terminó con su vida. Mischanchuk sostiene que la hinchazón podía deberse a distintas cuestiones y que estaban los enfermeros a cargo.
Finalmente, en algo que es común a todas las defensas, la postura es que obviamente no hubo ninguna intención de hacerle daño a Maradona. De todas maneras, en eso consiste la calificación: hay mala praxis, no intención, y pese a las advertencias, no se actuó como correspondía.
La apelación debe ser resuelta ahora por la Sala III de la Cámara de Apelaciones de San Isidro, a cargo de Gustavo Herbel y Carlos Blanco. Los magistrados tardarán en resolver, no tiene un verdadero plazo, y todo hace presumir que el expediente después irá a la Cámara de Casación. En el departamento judicial de San Isidro, los optimistas piensan que puede haber un juicio en el segundo semestre de 2023 y los pesimistas hablan de 2024.



