Hace menos de una semana casi todos daban por hecho que Lionel Messi continuaría en el Barcelona. Hoy es nuevo jugador del PSG (Paris Saint-Germain).
Fichar a Messi supone un indudable añadido deportivo para el PSG, que ya de por sí contaba con un equipo temible con estrellas como Neymar, Kylian Mbappé, Ángel Di María, Sergio Ramos o el recién fichado portero Gianluigi Donnarumma, quien ganó la Eurocopa hace un mes con Italia.
Sobre el papel, no hay ninguna plantilla en Europa que pueda emular ahora mismo este potencial.
Pero la llegada de Messi a París va mucho más allá de lo deportivo.
Expertos argumentan que este fichaje, quizás el más importante y mediático de la historia moderna de este deporte, se enmarca dentro de una estrategia política y de imagen de Qatar.
El PSG es propiedad de Qatar Sports Investment (QSi), firma subsidiaria de Qatar Investment Authority, un fondo soberano de inversión cuyo director ejecutivo es el emir qatarí Tamim bin Hamad Al Zani.
Críticos denuncian que el PSG es un club-Estado respaldado por la riqueza petrolera de Qatar.
Y diversas organizaciones acusan a este país de disimular detrás de grandes inversiones deportivas, como acoger el próximo Mundial de Fútbol en 2022, sus prácticas contra derechos humanos.
Diversas organizaciones de derechos humanos, como Human Rights Watch, denuncian la explotación de trabajadores emigrantes en el país, que han sido cruciales para construir los modernos estadios del Mundial de 2022, así como leyes que «continúan discriminando a mujeres, lesbianas, homosexuales, bisexuales e individuos transgénero».
El pasado marzo, Amnistía Internacional escribió una carta a la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) pidiendo «adoptar medidas concretas y urgentes para garantizar que la competición deje un legado positivo y duradero a todas las personas trabajadoras migrantes de Qatar y no dé lugar a más abusos laborales».
Además de estas denuncias, también existen alegaciones de soborno para ganar votos por parte de representantes qataríes a miembros de la FIFA.
Ante dichas denuncias, críticos acusan a Qatar de intentar limpiar su imagen internacional a través de una estrategia conocida como «sportswashing», una palabra compuesta que involucra, traducido al español, «deporte» y «lavado» de imagen.
«En lugar de hablar de migración, condiciones laborales y la forma en que Qatar trata a su comunidad LGTBQ, estamos hablando de Lionel Messi, PSG y fútbol. Una interpretación de ‘sportswashing’ sería una estrategia para distraer a la gente y no hablar de cosas más importantes», aclara el profesor Chadwick.



