El fallecimiento del emblemático actor italiano Peppino Mazzullo a sus 100 años marca el final de una era para la historia de la televisión y del entretenimiento infantil.
El artista dejó de existir en su residencia ubicada en la localidad siciliana de Santo Stefano di Briga, en la provincia de Messina, tan solo unos meses después de haber alcanzado el siglo de vida el pasado 6 de junio. Mazzullo alcanzó la celebridad mundial gracias a su inconfundible trabajo detrás de Topo Gigio, el célebre ratón concebido por la titiritera Maria Perego a fines de la década de 1950. Aunque en la primera incursión televisiva del personaje en la RAI durante 1959 la voz estuvo a cargo del célebre cantautor Domenico Modugno, fue Mazzullo quien asumió el rol de manera definitiva en 1961 y lo mantuvo de forma ininterrumpida a lo largo de 45 años, hasta su retiro en 2006.
Formado profesionalmente entre Roma y Milán a fines de la década de 1940 gracias a una beca de estudios teatrales y cinematográficos, el talentoso intérprete originario de Sicilia inició su trayectoria con la compañía de Guglielmo Della Seta para luego incorporarse al elenco teatral de la RAI y desempeñarse como primer actor en selectas salas milanesas. Pese a contar con una sólida preparación dramática y una prolífica carrera en las tablas, Mazzullo prefería describirse a sí mismo como un «creador de voces» antes que como un imitador o actor de doblaje convencional. Fue precisamente esa habilidad técnica la que le permitió moldear el sello distintivo del carismático roedor, caracterizado por un timbre cándido, afectuoso y tierno que cautivó a múltiples generaciones a través de la pantalla chica, espectáculos en vivo y producciones discográficas.
La impronta de su interpretación no sólo radicó en el tono infantil que diseñó para el títere, sino también en la construcción de su personalidad cósmica e ingenua, inmortalizada en Italia mediante muletillas tan icónicas como la célebre interrogación «Ma cosa mi dici mai?». El impacto cultural de esta figura trascendió rápidamente las fronteras de su país natal para convertirse en un fenómeno internacional que en distintas regiones adoptó matices locales. En el caso particular del público sudamericano y argentino, el vínculo con el entrañable personaje tuvo como figura central al recordado presentador y actor uruguayo Juan Carlos Mareco, conocido afectuosamente como «Pinocho», quien se encargó de dialogar con la marioneta en las transmisiones televisivas locales.
La partida de Peppino Mazzullo cierra un capítulo fundamental de la cultura popular del siglo XX, dejando como legado más de cuatro décadas de labor dedicada al arte de la caracterización vocal. Su aporte profesional no sólo consolidó la identidad definitiva de uno de los personajes más queridos de la televisión global, sino que demostró la capacidad de la voz humana para dar vida y calidez a una figura entrañable que acompañó la infancia de millones de espectadores en todo el mundo.



