Ayer, la Fuerza Aérea de Ucrania, informó que 87 de los 90 dispositivos, que buscaban impactar en las ciudades de Lviv y Odesa, fueron destruidos en vuelo.
El portavoz de la Fuerza Aérea ucraniana, declaró que, «el enemigo utilizó un número récord de drones», y detalló que se trataba de un “ataque récord” de 90 drones explosivos Shahid lanzados por las fuerzas rusas desde cuatro direcciones diferentes, en vísperas de Año Nuevo, luego de la advertencia del Presidente de Rusia, Vladimir Putin, que en el primer día del 2024 anticipó que su país “intensificará la ofensiva”, en represalia por el bombardeo contra la ciudad rusa de Belgorod, considerado el más mortífero contra civiles en Rusia desde que comenzó el conflicto en febrero de 2022.
Las autoridades ucranianas también informaron de cuatro misiles tierra-aire S-300 en la región de Jarkov, y tres misiles antirradares Kh-31, y uno Kh-59 contra las regiones de Jerson y Zaporiyia.
El alcalde de la provincia de Lviv, informó que los ataques destruyeron una universidad y un museo cuya historia está relacionada con dos figuras nacionalistas ucranianas que colaboraron con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Mientras que en la región de Odesa, una persona perdió la vida y ocho resultaron heridas durante el ataque nocturno, según informaron las autoridades.
Por su parte, en la zona ocupada por Rusia en la provincia ucraniana de Donetsk, el líder local instalado por el Kremlin, Denis Pushilin, expresó que al menos cuatro personas fallecieron y otras 13 resultaron heridas por ataques atribuidos a Ucrania. Las tropas ucranianas dispararon 15 proyectiles desde un lanzacohetes MLRS durante los primeros minutos del 1 de enero.
«El objetivo del enemigo era causar el mayor daño posible a la población civil», declaró Pushilin, al afirmar que los ataques no tenían «sentido desde un punto de vista militar».



