JujuyPrimicias.com

Cómo saber si el uso de pantallas afecta la salud

Cómo saber si el uso de pantallas afecta la salud
Escuchar Artículo

El vínculo habitual con la tecnología y la conectividad ha alcanzado una dimensión prácticamente omnipresente en el entramado cotidiano actual.

En el territorio argentino, el 95% de los individuos de entre 9 y 17 años disponen de un teléfono móvil personal, de acuerdo con los registros relevados en el informe Kids Online Argentina 2025 por organismos internacionales. Esta penetración del celular se replica con similar intensidad en la población adulta, lo que lleva a diversos especialistas en salud a encender alarmas sobre las pautas de comportamiento que señalan un deterioro en la salud física y psicológica por el uso excesivo de plataformas e interfaces digitales.

Dentro de este panorama, el debate central que plantean los profesionales del área de la salud mental no pasa únicamente por contabilizar la cantidad de horas invertidas frente a las pantallas, sino por examinar el modo en que dicha exposición interfiere de manera concreta en el desarrollo normal de las tareas diarias. Las estadísticas del sector señalan que el 46% de los menores evaluados en las encuestas oficiales reconocen experimentar una relación conflictiva o problemáticas de autorregulación con sus dispositivos, los videojuegos o las plataformas sociales. A esto se suma el diseño deliberado de las herramientas informáticas, programadas mediante esquemas de gratificación variable y desplazamiento interminable para capturar la atención constante de los usuarios y dificultar la desconexión voluntaria.

Diversos cuadros sintomáticos acompañan este fenómeno, entre los que destacan el temor a quedar excluido de la interacción social virtual, el consumo compulsivo de noticias de tinte desgarrador y la ansiedad severa ante la imposibilidad de acceder al móvil. Sin embargo, desde la perspectiva neurológica se enfatiza que la intensidad temporal en el uso no equivale automáticamente a un diagnóstico de adicción, dado que el empleo prolongado por motivos laborales puede coexistir con un bienestar pleno. El punto de quiebre hacia un patrón patológico aparece cuando sobreviene la pérdida de control, manifestada en la incapacidad de interrumpir el uso a pesar de la intención explícita de hacerlo, o al postergar actividades fundamentales a costa del consumo digital.

En la población infantil y adolescente, la sobreexposición suele manifestarse a través de un abanico de 8 indicadores principales de alerta. Entre las señales más notorias figuran las alteraciones recurrentes en el ciclo del sueño, episodios de irritabilidad extrema al interrumpir la conexión, fallas marcadas en la capacidad de concentración sostenida y caídas en el desempeño académico. Asimismo, se observa el retraimiento de encuentros grupales presenciales, la incapacidad para dimensionar el paso del tiempo durante la navegación, el uso del dispositivo como un recurso para evadir estados emocionales negativos como la tristeza o el aburrimiento, y el ingreso impulsivo a diversas aplicaciones aun cuando existe la determinación previa de no utilizarlas.

En cuanto al segmento adulto, los signos de advertencia adquieren matices similares, aunque impactan con fuerza en la rutina laboral y familiar. Las consecuencias más frecuentes abarcan desde la reducción de las horas de descanso nocturno por el uso de pantallas en la cama hasta la interrupción sistemática de charlas cara a cara para atender notificaciones. A esto se le añaden sedentarismo marcado, dolores cervicales derivados de malas posturas, fatiga en la visión y la paulatina postergación de actividades recreativas o deportivas. Todo ello suele alimentar un ciclo reactivo en el que la ansiedad impulsa al sujeto hacia el teléfono para distraerse, provocando a su vez un mayor nivel de inquietud y un peor descanso.

Frente a esta dinámica, las recomendaciones profesionales descartan la prohibición tajante o el retiro punitivo de los equipos, orientando las soluciones hacia la fijación de límites concertados y la mediación activa. Los expertos sugieren acordar zonas y momentos del día estrictamente libres de tecnología, como las comidas familiares, los espacios de ejercicio y el lapso previo a conciliar el sueño. Acompañar estas pautas con el ejemplo cotidiano por parte de los mayores, desactivar notificaciones innecesarias y dar prioridad a actividades que estimulen el sistema nervioso de manera natural —como la lectura, la actividad física y el diálogo directo— resultan pasos esenciales para reestructurar la relación con los dispositivos sin prescindir de sus ventajas funcionales.

Mas Noticias