Somos cada vez más conscientes de la importancia del apego en la infancia, no solo en cuanto a educar con refuerzos materiales sino también con refuerzos emocionales, los más importantes. Basar la estimulación y la seguridad de un niño con aportaciones materiales va a tener consecuencias. Incluso pensar que nada de premios ni achuchones es dejar al azar conductualmente el aprendizaje de ese niño. No usar las emociones, no expresarlas o verter continuas críticas y rechazos, muchas veces como forma de desahogo de los padres de sus propios problemas, va a tener consecuencias de por vida en ese niño, en ese adolescente y en ese adulto…
Por otro lado, el uso de premios materiales, únicamente, puede tener consecuencias conductuales tanto en la infancia como en la edad adulta. Crearemos personas caprichosas, con baja tolerancia a la frustración y cierto grado de tiranía. Con falta de apego veremos conductas impulsivas y tendencia a satisfacerse a uno mismo a través de compras, muchas veces de cosas innecesarias, pero que calman la ansiedad y la insatisfacción en el momento y poco después. La gratificación es pasajera.
independientemente de los refuerzos, utilizados para conseguir o mantener un comportamiento, están las manifestaciones de cariño y protección de forma espontánea por parte de los padres: si no se producen durante los primeros años del niño, crearán problemas en el desarrollo emocional, psicológico y hasta físico. Es vital tocar, abrazar, besar, sonreír (la sonrisa es un gesto mínimo y a la vez muy poderoso para crear seguridad en el otro, aprobación, complicidad…).
Sentirse bien, muy bien, protegidos o flotando con otras personas es magnífico, pero estas sensaciones deben ser un extra al estar con esas otras personas, no una necesidad. Hay que empezar por quererse a uno mismo para querer aún más a los otros y SENTIRSE aún más querido, merecidamente querido SIEMPRE.



