En un contexto socioeconómico atravesado por el enfriamiento de la actividad productiva y la pérdida de puestos de trabajo tradicionales, las plataformas digitales de servicio se consolidan como un refugio de contención laboral en el país.
Cifras relevadas entre firmas del rubro dan cuenta de un incremento de entre el 25% y el 30% en la cantidad de prestadores activos dentro de las principales aplicaciones de logística y transporte en el último año. Este fenómeno responde directamente al deterioro del mercado de trabajo, donde la desocupación se ubicó en el 7,9% durante el segundo trimestre del año y la informalidad alcanzó un histórico 45%, marcando un escenario de vulnerabilidad para una proporción sustancial de la masa trabajadora.
El mapa del empleo independiente a través de estas herramientas presenta marcadas diferencias según las características demográficas de quienes se suman a la actividad. Por un lado, los perfiles más jóvenes, concentrados mayoritariamente en firmas de entrega a domicilio como Rappi y PedidosYa, recurren a este soporte de manera parcial para apuntalar ingresos menguados por la suba del costo de vida. En Rappi, por caso, el 66% de los repartidores tiene entre 18 y 33 años y un 70% destina menos de 10 horas semanales a la labor, promediando una conexión global de 12,8 horas por semana. Por el contrario, los servicios de movilidad vehicular como DiDi y Cabify absorben a un segmento etario maduro, generalmente superior a los 40 años, que dedica jornadas completas para convertir a la plataforma en su principal sostén económico, destacándose el alto nivel de recorridos que acumulan los conductores mayores de 60 años.
Esta notable diferencia en los esquemas de tiempo invertido incide de forma directa en las retribuciones económicas percibidas a fin de mes. Mientras que la modalidad de reparto rápido genera ingresos aproximados de $188.788 mensuales bajo esquemas de dedicación acotada, la conducción vehicular a través de sistemas de pasajes llega a promediar $800.000 mensuales en quienes cumplen con una recargada jornada semanal de 60 horas. Este abanico de remuneraciones atestigua la doble función del sector tecnológico: para un segmento opera como un simple dinamizador salarial de medio tiempo y, para otros sectores expulsados del mercado formal, constituye la principal vía para generar sustento diario en plena crisis.
La acelerada expansión de este modelo de autoempleo se desarrolla en paralelo al declive de la actividad manufacturera e industrial en los grandes nodos urbanos del país, como el conurbano bonaerense, el Gran Rosario y el Gran Córdoba. A la par de contracciones registradas en el Indicador Mensual de Actividad Económica —con caídas del 2,9% mensual y del 1,4% interanual en julio—, el cierre de persianas en establecimientos industriales contrapone su realidad a la dinámica de sectores netamente exportadores como la minería, la energía y el agro. Frente al pluriempleo creciente y a la búsqueda incesante por no quedar rezagados ante el ritmo inflacionario, las aplicaciones móviles continúan absorbiendo a miles de personas que buscan capear la escasez de oportunidades laborales tradicionales.


