Los más de 80 hipopótamos sueltos en Colombia son una especie invasora y el gobierno ha comenzado a tomar cartas en el asunto.
El hábitat natural de los hipopótamos se limita al sur del Sahara, en el continente africano. Conocidos por su ferocidad, se trata del tercer animal terrestre más grande y uno de los más territoriales; sin embargo, un grupo de entre 80 y 120 ejemplares crece sin control al otro lado del Atlántico:
Se trata de los hipopótamos de Pablo Escobar, el narcotraficante colombiano que montó un zoológico de especies exóticas en la Hacienda Nápoles, hoy un parque temático ubicada a 180 kilómetros al este de Medellín.
A inicios de 2021, un estudio determinó que la única forma de mitigar el impacto ambiental de los hipopótamos es sacrificarlos. De lo contrario –estimaron los científicos–, su población continuará aumentando descontroladamente de modo que en los próximos 15 años, Colombia podría ostentar más de 1,400 ejemplares.
De los 80 hipopótamos de los que tienen registro las autoridades medioambientales, 24 fueron esterilizados vía química a partir de una vacuna, considerada un procedimiento más práctico que una intervención quirúrgica.
Si bien la esterilización no resolverá en definitiva el problema, las autoridades esperan que sea parte de la solución. A diferencia de la intervención quirúrgica, la esterilización química es un procedimiento más barato y menos invasivo, probado en ciervos y caballos salvajes en los Estados Unidos.



