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La morosidad en las billeteras virtuales superó el 30% 

La morosidad en las billeteras virtuales superó el 30% 
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Un exhaustivo relevamiento conjunto entre el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) y la Cámara Argentina Fintech reveló que el mercado de financiamiento digital experimenta una fase de estabilización tras registrar tensiones en los niveles de cobro.

El documento técnico expone que el índice global de incumplimiento en las billeteras virtuales alcanzó una cota del 30,5%, reflejando una fuerte escalada que tuvo su epicentro entre el tramo final del año pasado y el inicio del actual. Esta tendencia coincide con las observaciones compartidas recientemente por Santiago Bausili, presidente del Banco Central, quien trazó un paralelismo con el comportamiento de la banca tradicional, sugiriendo que el período más agudo de irregularidad ya fue superado por el ecosistema financiero en su conjunto.

Dentro del desglose metodológico provisto por el informe, se establece una clara distinción entre las categorías de deudores para entender el fenómeno. Por un lado, la mora operativa —que contempla los atrasos de mediana duración clasificados entre las categorías 2 y 4— detuvo su tendencia alcista al estabilizarse en un 22,7% desde el pasado mes de noviembre, mientras que el incremento del porcentaje general al 30,5% reportado en febrero responde al peso inercial de la categoría 5, correspondiente a saldos incobrables acumulados con anterioridad. Asimismo, las métricas de monitoreo temprano sobre el pasaje de clientes regulares a situaciones de primer retraso indicaron que los puntos de tensión máxima ocurrieron entre octubre y noviembre de 2025, dando paso a una paulatina desaceleración que beneficia tanto a plataformas digitales como a entidades bancarias.

El estudio enfatiza que el volumen de irregularidad en las cuentas digitales no proyecta un peligro sistémico para la estructura económica general, debido a la acotada representatividad de estas firmas dentro del mercado total de créditos con atraso. Mientras que la banca tradicional absorbe el 74,1% del financiamiento con demoras y otros proveedores concentran el 17,9%, el entorno fintech explica únicamente el 8% de dicho volumen, sustentado por una participación general en el crédito total del 3,3%, cifra que no obstante representa el doble del nivel registrado hace dos años. Esta evolución comercial vino acompañada de una expansión masiva de su base de usuarios, dinamizando el sistema financiero global al elevar el padrón total de deudores de 16,5 a 21.000.000 de individuos, con un salto específico en las billeteras virtuales que pasaron de 3.700.000 a 8.100.000 de tomadores activos.

En términos distributivos, el financiamiento a través de plataformas virtuales ya representa el 25% de la oferta total de préstamos a nivel nacional, superando el 16% que ostentaba durante el período 2024. El modelo operativo enfoca sus prestaciones principalmente en sectores de ingresos reducidos, manejando un ticket promedio por asistencia de $540.000, una magnitud significativamente menor al promedio de $4.100.000 que registran las líneas de crédito bancarias convencionales. El impacto social de esta asimetría se traduce en que para un universo de 2.300.000 de ciudadanos, el entorno tecnológico constituye la única vía disponible para obtener asistencia financiera destinada al consumo o a contingencias inmediatas, operando de manera aislada respecto a los canales bancarios tradicionales.

El análisis de inclusión especifica que un 32% de los 8.100.000 de usuarios totales mantiene un vínculo exclusivo con las administradoras virtuales —habiendo incorporado 530.000 nuevos clientes bajo este carácter durante 2025—, en tanto que los 5.800.000 de clientes restantes diversifican sus obligaciones compartiendo préstamos entre ambos sistemas. Desde una perspectiva macroeconómica, el crédito al sector privado en el país se sitúa en el 13,1% del Producto Bruto Interno, recuperándose desde el piso del 10,6% del año 2022 gracias al desarme de instrumentos de regulación monetaria como las Leliq, que forzó a los bancos a duplicar sus carteras de financiamiento privado del 22,3% al 44,4%; sin embargo, el indicador nacional permanece visiblemente relegado frente a los promedios regionales de América Latina, que promedian un 47,8%, y a los niveles consolidados de economías como Brasil y Chile, donde la penetración crediticia alcanza el 74,9% y 75,6% respectivamente.

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