La primavera es un buen momento para darle vida a la huerta urbana, la asignatura pendiente que siempre revive cuando relojeamos ese pedacito de terraza, balcón o patio destinado a esa función. Y en caso de ya tenerla, ¿Por qué no aprovechar para reajustar su utilidad?
El aumento de hora de luz solar activa que caracteriza a la estación primaveral, consiste en una fuente de energía indispensable para el crecimiento de las hortalizas y frutos de clima cálido y/o templado. Solo hay que animarse a cosechar los propios productos y así poder llevarlos de la tierra a la mesa para disfrutar de todas sus propiedades.
En ese marco, esta temporada beneficia el desarrollo de tomates (cherrys y comunes), berenjenas, pimientos, que como requieren del trasplante conviene llevarlas a la huerta recién a partir de octubre cuando se haya ido el frío.
En la lista también aparecen los pepinos, zanahorias, zapallitos, melones, sandías. Todos estos cultivos pueden combinarse con hojas verdes para luego disfrutar en ensaladas (lechuga mantecosa, morada, rúcula, albahaca, radicheta, acelga). De igual modo, también prosperan la batata y papa.
El huerto durante la primavera vive su florecer y una buena manera de prepararlo para los meses estivales es aportar un extra de nutriente, por ende es buen momento, para abonar el terreno, lo que permitirá dar un empujón para que la recolecta sea más gratificante. Es recomendable utilizar abono ecológico para ayudar al sistema inmunológico de la planta.



