La NASA informó que construirá la primera infraestructura operativa de la humanidad en la Luna.
Durante una conferencia de prensa celebrada en Washington, las máximas autoridades de la institución espacial, encabezadas por su administrador Jared Isaacman, la administradora interina Lori Glaze y Carlos García-Galán, Director del programa Moon Base, detallaron un cronograma de misiones que iniciará este año. El propósito central de esta iniciativa radica en erigir un asentamiento permanente en el polo sur de la Luna que sea capaz de albergar actividades de carácter científico, tecnológico y comercial, sirviendo además como el soporte logístico indispensable para los futuros descensos tripulados contemplados en el programa Artemis.
El despliegue de esta monumental obra de ingeniería, estimada en unos US$20.000.000.0000, comenzará formalmente no antes de septiembre de este año con la misión Moon Base I. En esta fase inicial se empleará el módulo de descenso Blue Moon Mark 1 Endurance, desarrollado por la compañía privada Blue Origin, para depositar suministros institucionales en una formación montañosa conocida como Shackleton Connecting Ridge. Este primer viaje llevará instrumental específico diseñado para evaluar el impacto de los sistemas de propulsión sobre el terreno, junto con un sofisticado dispositivo láser pensado para optimizar la geolocalización y el posicionamiento de las naves que se encuentren en la órbita de nuestro satélite natural.
La continuidad del proyecto espacial se consolidará antes de que concluya el año mediante dos lanzamientos adicionales independientes. La denominada misión Moon Base II transportará más de media tonelada de equipamiento a bordo del módulo Griffin de la firma Astrobotic, viaje en el que se destaca el rover FLIP de la empresa Astrolab, orientado a testear novedosas capacidades de movilidad sobre el agreste suelo lunar. En simultáneo, la ventana de lanzamientos de este período se completará con la misión Moon Base III, encargada de situar en la superficie el proyecto de investigación Lunar Vertex, un estudio científico enfocado en descifrar el origen y comportamiento de los remolinos lunares y sus materiales expuestos a condiciones ambientales extremas.
Paralelamente, la agencia espacial norteamericana ha comenzado a trazar los planes de movilidad terrestre proyectados hacia el año 2028, mediante la inyección económica de US$219.000.000 a la compañía Astrolab y US$220.000.000 a Lunar Outpost para el diseño de vehículos de transporte. La primera firma se concentrará en fabricar un rover tripulado que se desplazará a 10 kilómetros por hora y que podrá ser controlado de forma remota para trasladar astronautas y provisiones. Por su parte, Lunar Outpost desarrollará el Pegasus, una sofisticada evolución de su prototipo Eagle, diseñado con una autonomía de un año y apto para operar de forma autónoma, manual o teleoperada a velocidades que superarán los 14 kilómetros por hora.
La innovación tecnológica de esta campaña se complementará con el programa MoonFall, un ambicioso proyecto que enviará un cuarteto de drones a la Luna con el objetivo de efectuar vuelos de corta duración sobre el relieve y cartografiar áreas viables para los próximos alunizajes de la tripulación de Artemis. Mientras que el Jet Propulsion Laboratory supervisa las pruebas del hardware, la empresa Firefly Aerospace se encargará de proveer el transporte desde el entorno terrestre. Estos vehículos aéreos capturarán imágenes de alta resolución en zonas de difícil acceso y, una vez concluidos sus vuelos, sus instrumentos —diseñados para resistir las gélidas temperaturas de la noche lunar— continuarán enviando datos desde el polo sur durante varios meses.



