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Encontraron fósiles de un depredador “dientes de sable” 

Encontraron fósiles de un depredador “dientes de sable” 
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Un relevante hallazgo paleontológico registrado en las costas de la provincia de Buenos Aires ha sacado a la luz los restos fosilizados de una especie extinta de depredador prehistórico.

Los fósiles fueron descubiertos en la Formación Vorohué, en las proximidades de Miramar, y corresponden a una criatura que habitó la región pampeana hace aproximadamente 2,5 millones de años, en una fase crítica de transición geológica entre el Plioceno tardío y el Pleistoceno temprano. El espécimen fue bautizado científicamente como Pampaluctor calibar, posicionándolo hasta el momento como el representante más reciente descubierto de la familia de los tilacosmílidos.

Aunque el aspecto exterior del animal presentaba enormes colmillos que evocan de inmediato a los felinos “dientes de sable”, el estudio biológico precisa que no se trata de un placentario ni de un pariente de los felinos modernos. Por el contrario, Pampaluctor calibar formaba parte del linaje de los metaterios, mamíferos cercanamente vinculados a los marsupiales actuales. Su parecido anatómico con carnívoros como el Smilodon responde a un fenómeno de evolución convergente, proceso en el que distintos grupos de organismos terminan desarrollando adaptaciones corporales sumamente parecidas para desenvolverse en roles ecológicos similares.

La investigación fue desarrollada conjuntamente por científicos del CONICET y del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, con el acompañamiento de profesionales del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar e instituciones paleontológicas de Gualeguaychú. A diferencia de otros descubrimientos que se limitan a piezas dentales sueltas, en esta ocasión se logró recuperar un esqueleto postcraneal parcial de gran valor informativo: una selección de vértebras cervicales y caudales, así como partes de las extremidades anteriores (escápula, húmero y radio) y posteriores (fémur y tibia). El análisis de esta estructura ósea permitió calcular que el animal alcanzaba una masa corporal cercana a los 100 kilogramos.

Las particularidades anatómicas encontradas en las patas revelan aspectos clave sobre su método de caza. La criatura poseía extremidades delanteras marcadamente robustas pensadas para la sujeción, mientras que sus patas traseras eran sensiblemente más cortas; esto indica una estrategia orientada a acorralar e inmovilizar a sus presas en el suelo antes de infligir la mordida letal. Asimismo, el registro temporal de este descubrimiento resulta fundamental para comprender el Gran Intercambio Biótico Americano, puesto que confirma que estos voluminosos depredadores autóctonos continuaban prosperando y cazando en las llanuras del sur durante el período en que comenzaban a arribar las nuevas especies carnívoras desde el norte del continente.

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