Cada 2 de septiembre se celebra el Día de la Industria, una jornada dedicada a destacar la impronta fundamental que posee esta actividad en el crecimiento económico, la estabilidad social y el entramado político de la nación.
La fecha invita a reflexionar sobre el rol transformador del sector productivo a lo largo del tiempo y su contribución constante a la articulación del país.
El origen de esta conmemoración se remonta a finales del siglo XVI, específicamente a la jornada de 1587 en que una embarcación zarpó desde la costa bonaerense con el primer envío al extranjero de mercancías procesadas en territorio local. Fue la carabela San Antonio, bajo la capitanía de Antonio Pereyra, la que levó anclas desde el fondeadero del Riachuelo con destino a Brasil, transportando en sus bodegas una serie de harinas y textiles manufacturados en la región de Santiago del Estero.
Sin embargo, aquel periplo inaugural albergaba un trasfondo complejo, ya que junto a la mercadería declarada se ocultaban lingotes de plata extraídos de las minas de Potosí, un recurso cuya salida de la región se encontraba estrictamente vedada por las normativas de la época. Aquella maniobra, efectuada en los márgenes de la legalidad colonial, constituía en rigor un caso de comercio clandestino y evasión de controles.
A pesar de los matices de contrabando que enmarcaron la travesía de la nave San Antonio, el suceso pasó a la historia como el hito inaugural de las ventas de manufacturas locales al exterior. Por esta razón, en el año 1941 se estableció de manera formal que cada 2 de septiembre se rindiera homenaje al sector industrial de la Argentina.



