Cada 6 de agosto la provincia celebra el día del Santísimo Salvador, una conmemoración que hunde sus raíces en la histórica creación de San Salvador de Velasco en el Valle de Jujuy.
La iniciativa fue encabezada en el año 1593 por el expedicionario español Francisco de Argañaráz y Murguía, quien arribó a estas tierras en compañía de su esposa, Bernardina Mejía de Mirabal, y una comitiva integrada por otras 35 personas. La expedición respondía a la directiva expresa emitida por el gobernador de la vasta provincia del Tucumán y fundador de La Rioja, Ramírez de Velasco, cuyo objetivo estratégico era concretar finalmente un asentamiento permanente en la zona.
La determinación de afianzar una población en esta geografía no era un hecho aislado, sino la culminación de una serie de intentos previos que no lograron prosperar. En el año 1561 se había establecido formalmente la Ciudad de Nieva, mientras que en el año 1575 se erigió el poblado de San Francisco de Álava. Ambas experiencias concluyeron de manera trágica al ser destruidas y reducidas a ruinas a raíz de la encarnizada resistencia ejercida por las poblaciones autóctonas que habitaban la región, lo que obligó a la corona española a proyectar una tercera incursión organizativa.
La insistencia de las autoridades coloniales por controlar los valles jujeños obedecía a imperativos comerciales y militares fundamentales para el imperio. La zona resultaba indispensable para estructurar y resguardar una ruta terrestre directa hacia el Alto Perú, espacio que hoy ocupa el territorio soberano de Bolivia, conectando a su vez estos pasos con la ciudad de Lima, la cual oficiaba en aquel período histórico como el centro neurálgico del Virreinato del Perú.
Siguiendo el riguroso protocolo ceremonial de la época para la formalización del trazado urbano, los conquistadores instalaron el rollo o Árbol de la Justicia justamente en el sitio que actualmente ocupa la plaza central dedicada a la memoria del General Manuel Belgrano. Mediante este rito formal y encomendando el éxito de la empresa militar a la protección del santoral católico, el expedicionario bautizó oficialmente a la ciudad capital rindiendo tributo a la figura del Santísimo Salvador.



