Un reciente trabajo científico liderado por especialistas de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y la Universidad de Harvard ha puesto de relieve una posible correlación entre el desempeño profesional materno y el diagnóstico del trastorno del espectro autista (TEA) en la descendencia.
Tras evaluar una cohorte de 1.702 niños nacidos con esta condición a lo largo de un período de casi cuatro décadas, el equipo de investigadores identificó un patrón recurrente en las actividades laborales de las madres, caracterizado principalmente por la exposición regular a compuestos tóxicos, emanaciones de combustión o entornos de trabajo asociados a un elevado desgaste emocional y físico.
Para llevar a cabo el análisis, publicado en el British Medical Journal, los autores recurrieron a los registros sanitarios y previsionales de Dinamarca, evaluando nacimientos ocurridos entre 1973 y 2012. La metodología examinó el historial de empleo de las mujeres en distintos momentos clave —un año previo a la concepción, durante la gestación y a lo largo de la infancia del niño— e integró variables de control como la edad de la madre, la localización geográfica y los antecedentes familiares de afecciones neuropsiquiátricas, los cuales resultaron ser más frecuentes en el grupo con TEA (3,6 %) en comparación con los casos de control (1,5 %). La muestra reflejó además un predominio del sexo masculino entre los menores diagnosticados (71 %) y una edad media materna de 29,3 años al momento del parto.
Los datos mostraron una mayor incidencia de TEA en hijos de mujeres que trabajaron en sectores como el transporte terrestre, la administración pública y las fuerzas armadas o de defensa, observándose también una relación sustancial con ocupaciones del ámbito judicial durante la etapa previa al embarazo y el período gestacional. Según los expertos, el trabajo en el área militar o en el transporte implica un contacto continuado con agentes nocivos —como plomo de municiones, solventes y gases de escape con material particulado—, hallazgos que respaldan investigaciones previas sobre los efectos de la contaminación vehicular en el desarrollo neurológico infantil y que remarcan la necesidad de estudiar con mayor precisión las matrices de exposición laboral.
En paralelo, los investigadores destacaron el impacto del estrés psicosocial y corporal crónico asociado a estas disciplinas, así como a las funciones en el bienestar social y la justicia, donde la exposición a químicos es mínima. La tensión materna continuada puede desencadenar procesos inflamatorios en la gestación y alterar la respuesta del sistema nervioso autónomo fetal mediante la desregulación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal o la reducción del flujo sanguíneo uterino. Aunque resulta complejo aislar si el factor determinante es la carga física, el estrés emocional o una combinación que amplifica los riesgos ambientales, la evidencia sugiere que la exigencia laboral previa y posterior al nacimiento constituye una variable relevante en el neurodesarrollo.



