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Alimentos para combatir el hígado graso 

Alimentos para combatir el hígado graso 
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La acumulación excesiva de grasa en el tejido hepático sin mediación del consumo alcohólico, conocida clínicamente como hígado graso no alcohólico, afecta a una cifra cercana a 400.000.000 de personas en el mundo.

Al tratarse de una condición mayoritariamente asintomática en sus etapas iniciales, la gran mayoría de los pacientes desconoce su diagnóstico hasta enfrentarse a complicaciones avanzadas. Esta patología está estrechamente asociada a la obesidad, la resistencia a la insulina y el síndrome metabólico, por lo cual los esquemas de nutrición han pasado a ser considerados la intervención terapéutica primaria para frenar o revertir el avance del daño en los hepatocitos.

Diferentes análisis respaldados por los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos destacan un conjunto de 7 alimentos capaces de contrarrestar el depósito de lípidos. Entre las alternativas recomendadas sobresale el pescado azul como el salmón, la trucha, el atún y las sardinas, cuyo aporte de ácidos grasos omega 3 logra disminuir los niveles de grasa en el órgano sin requerir de forma obligada una baja de peso corporal. Paralelamente, el aceite de oliva virgen extra figura como la principal fuente lipídica sugerida por la Asociación Europea para el Estudio del Hígado gracias a su concentración de ácido oleico y antioxidantes. A esto se suma el café filtrado sin azúcar, cuyo consumo regular de más de 3 tazas al día demuestra reducir la severidad de la inflamación y la fibrosis hepática.

El plan nutricional favorable para la salud del hígado contempla además la incorporación de frutos secos. Las investigaciones señalan que la ingesta diaria de 28 gramos de nueces durante 18 meses reduce la prevalencia del cuadro del 54,8% al 47,9%, beneficio que se potencia hasta alcanzar un 31,5% al combinarse con el consumo de 3 a 4 tazas diarias de té verde y proteínas de origen vegetal. De la misma manera, las verduras de hoja verde como la espinaca, ricas en nitratos y polifenoles, ayudan a frenar la síntesis de grasas, mientras que las legumbres y la avena aportan fibra insoluble que modula la microbiota digestiva y mejora la respuesta celular a la insulina.

En contraposición, la comunidad médica alerta sobre las sustancias que aceleran la degeneración del tejido hepático. La recomendación clínica elimina por completo la ingesta de bebidas alcohólicas y restringe severamente los azúcares refinados y la fructosa añadida presente en jugos procesados y gaseosas, los cuales estimulan la producción directa de grasa en la zona. Igualmente dañinas resultan las grasas saturadas habituales en embutidos y mantecas, así como la comida rápida en proporciones iguales o superiores al 20% de las calorías diarias. Por este motivo, organizaciones científicas internacionales coinciden en señalar a la dieta mediterránea y a la pérdida paulatina de un 10% de la masa corporal como la estrategia médica más eficaz para el abordaje integral de esta afección.

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