El sector juguetero de la Argentina atraviesa un complejo escenario comercial de cara al Día del Niño, una fecha estratégica que suele concentrar cerca del 60% de la facturación anual de la actividad.
Durante la primera mitad del año, las ventas registraron una disminución del 10% debido al menor poder adquisitivo de los consumidores, el incremento del canal de compras en el exterior conocido como puerta a puerta y la acumulación de mercadería no vendida. Ante este contexto, tanto comercios como fábricas e importadores vienen aplicando severos ajustes operativos, con esperanzas puestas en los descuentos y promociones bancarias de última hora para movilizar el consumo hacia productos de menor costo o líneas con licencias populares como Spider-Man y Toy Story 5.
El impacto de la crisis varía de forma considerable según la zona geográfica y el canal de comercialización. Mientras que la provincia de Neuquén mantiene niveles de facturación estables, las regiones del Noreste, Noroeste y la provincia de Mendoza sufren una presión adicional provocada por el contrabando de mercadería. Paralelamente, los locales de barrio observan una contracción evidente: en los últimos 2 años y medio, decenas de comercios debieron bajar las persianas de sus establecimientos físicos o reconvertirse por completo al comercio electrónico. En cuanto a los montos de compra, aunque el ticket promedio nacional se posiciona en $25.000, en los barrios se concretan operaciones habituales de entre $15.000 y $20.000, encontrándose opciones económicas desde los $3.000 hasta artículos exclusivos de $400.000.
A la desaceleración del consumo local se suma la preocupación de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete por la competencia desleal y las anomalías de seguridad en productos importados. Tras realizar compras de prueba en la plataforma Temu, la entidad gremial detectó sustancias químicas prohibidas como los ftalatos en diversos artículos, además de denunciar más de 30 casos de juguetes peligrosos como el denominado «Squeezy Dumplings», lo que derivó en operativos policiales. En el plano aduanero, luego de un año 2025 con importaciones récord de USD 114.500.000 —equivalentes a 22.600.000 de kilos netos—, el 1 semestre de 2026 registró una caída del 13,8% en valor (USD 37.800.000) y del 11,8% en volumen (7.200.000 de kilos). Asimismo, la cámara alertó sobre maniobras de subfacturación, señalando que 59 importadores declararon valores inferiores a USD 2 por kilo, una práctica desproporcionada en comparación con otros mercados sudamericanos.
Esta combinación de menor demanda, exceso de existencias importadas y distorsiones de precios golpeó de lleno a la estructura productiva nacional, al punto de que 5 fábricas de trayectoria familiar se encuentran en proceso de cierre definitivo. Las plantas industriales que continúan en funcionamiento operan actualmente a tan solo el 30% de su capacidad instalada, absorbiendo el impacto laboral mediante la no renovación de contratos y jubilaciones sin reemplazo. En este marco de incertidumbre, algunos fabricantes intentan reconvertirse en importadores o reducir sus costos de producción internos, mientras que las proyecciones para el cierre del año muestran un panorama dividido: solo un 35% de las empresas confía en una pronta recuperación, mientras que la mayoría prevé un escenario de estancamiento o de profundización de la caída.



