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Cómo reducir el tiempo en pantalla 

Cómo reducir el tiempo en pantalla 
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Encontrar un equilibrio frente al uso diario del teléfono celular se ha transformado en una prioridad dentro de una sociedad hiperconectada, donde las alertas y las plataformas digitales demandan atención constante.

Para abordar este problema sin generar ansiedad, María Gijón, escritora del libro ‘Tú puedes dejar tu móvil si sabes cómo’ y titular de la organización Adolescencia Libre de Móviles Madrid, propone cinco pautas metodológicas orientadas a recuperar la autonomía frente a las pantallas. La especialista subraya que el paso inicial consiste en auditar de forma consciente el tiempo real de uso y la cantidad de desbloqueos del dispositivo. Esta información, que suele subestimarse y que impacta de manera directa en el descanso, el humor y la concentración, puede verificarse fácilmente desde el menú de ajustes de los teléfonos inteligentes, localizándose como ‘Tiempo de uso’ en los sistemas iPhone y bajo la etiqueta de ‘Bienestar digital’ en el entorno Android.

Una de las herramientas clave para mitigar la distracción continua radica en acotar el uso de los servicios de mensajería instantánea como WhatsApp, una plataforma que opera con dinámicas de red social y perpetúa una falsa sensación de disponibilidad inmediata. La experta sugiere suprimir el acceso directo de esta aplicación del panel principal del teléfono y fijar bloques horarios específicos a lo largo de la jornada para revisar los mensajes entrantes, por ejemplo, antes del inicio de las tareas laborales, previo al almuerzo y al concluir las obligaciones de la jornada. Asimismo, se aconseja que ante la necesidad de enviar un recado que carezca de urgencia, se opte por tomar nota del mismo en un papel para transmitirlo más tarde, evitando de esta forma ingresar de manera impulsiva a la interfaz y terminar interactuando con conversaciones ajenas.

Como contrapartida saludable para suplantar los momentos de ocio involuntario o las esperas urbanas, se recomienda recurrir a la lectura tradicional en formato físico en lugar de buscar el estímulo inmediato de las pantallas. Al portar un libro en el bolso o la mochila, los usuarios cuentan con un recurso que estimula la concentración profunda y la tranquilidad, alejándose del desplazamiento infinito o “scroll” que caracteriza a los entornos virtuales. Gijón argumenta que el consumo de páginas impresas previene los estados de insatisfacción o estrés vinculados al monitoreo de redes, sugiriendo que aquellas personas que no se sientan atraídas por la literatura tradicional pueden optar por alternativas impresas de agilidad mental, tales como los sudokus o los tradicionales cuadernillos de crucigramas.

Otra conducta que la especialista invita a modificar es la urgencia de despejar cualquier duda de manera inmediata a través de motores de búsqueda como Google o plataformas de inteligencia artificial como ChatGPT durante el transcurso de una charla. Esta inmediatez digital restringe la perseverancia cognitiva y la inventiva personal, acelerando potencialmente el deterioro del cerebro por falta de esfuerzo mental. La sugerencia para quebrar esta dependencia consiste en implementar la regla de esperar 20 segundos antes de accionar el comando de búsqueda; este breve lapso induce a evaluar si el dato es verdaderamente relevante, si es factible recordarlo por los propios medios o si resulta más enriquecedor debatirlo con los presentes. En caso de no ser imperativo, registrar la inquietud para resolverla con posterioridad resulta una barrera de contención efectiva.

Finalmente, la reestructuración visual del dispositivo cumple un rol determinante para contrarrestar el acceso compulsivo guiado por interfaces diseñadas de forma atractiva. La estrategia propone empaquetar las aplicaciones en carpetas organizadas por áreas de interés —como finanzas, transporte, salud u ocio— y desplazar los iconos de plataformas de entretenimiento y videojuegos hacia la segunda página de navegación, obligando al usuario a realizar una acción deliberada para interactuar con ellos. Además, se puede quitar el acceso visual de la pantalla sin desinstalar el servicio para forzar una búsqueda consciente. Por último, Gijón aconseja configurar el panel del móvil en escala de grises o blanco y negro, dado que la supresión de los colores vivos desactiva el circuito de recompensa del cerebro, transformando al teléfono en un objeto considerablemente menos estimulante.

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