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Identificaron una nueva especie de pingüino en la Antártida 

Identificaron una nueva especie de pingüino en la Antártida 
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Una investigación internacional descubrió una nueva especie de pingüino en las regiones antárticas y subantárticas, un acontecimiento científico que no ocurría desde hace más de un siglo en esta familia de aves.

El estudio, difundido por la prestigiosa revista Current Biology, determinó que el conocido pingüino papúa (Pygoscelis papua) no constituye una única variedad como se pensaba, sino que engloba a cuatro linajes con marcadas diferencias genéticas. Este hallazgo reabre el debate sobre la preservación de los ecosistemas en el océano Austral, entornos que resultan vitales para la continuidad de la fauna marina.

El avance científico fue liderado por especialistas de las universidades de Berkeley y Andrés Bello, quienes examinaron morfológica y genéticamente a 64 ejemplares extraídos de 10 colonias diferentes a lo largo del océano Austral. Mediante el uso de secuenciación genética de vanguardia, los expertos lograron identificar al Pygoscelis kerguelensis, denominado popularmente como pingüino papúa del sureste, un grupo que habita de forma exclusiva en las Islas Kerguelen y que ni siquiera figuraba previamente en los registros como una subespecie. De acuerdo con las declaraciones de Rauri Bowie, conservador del Museo de Zoología de Vertebrados de Berkeley, la taxonomía del pingüino papúa ha sido históricamente una de las más discutidas en la comunidad científica.

Los expertos detallaron que el factor determinante en esta diversificación biológica fue el aislamiento geográfico prolongado durante milenios. La marcada tendencia de estas aves a regresar fielmente a sus colonias originarias para nidificar bloqueó el flujo genético entre las distintas poblaciones, consolidando la evolución independiente de cada grupo. Tras este ordenamiento taxonómico, la especie se fragmenta formalmente en cuatro divisiones geográficas: el pingüino papúa del norte, localizado en las Islas Malvinas; el del sur, asentado en el territorio antártico y en Georgia del Sur; el del este, con presencia en las islas Crozet y Macquarie; y la nueva variante integrada por el Pygoscelis kerguelensis.

Cada una de estas variantes biológicas consiguió desarrollar herramientas de adaptación particulares para subsistir en sus respectivos hábitats climáticos y marinos, modificando aspectos que van desde sus mecanismos de regulación térmica hasta sus modos de alimentación. No obstante, el reporte científico encendió las alarmas respecto a las consecuencias del calentamiento global sobre estos animales. Los investigadores argumentan que la misma especialización extrema que propició su desarrollo evolutivo diferenciado representa hoy en día una grave debilidad ante las fluctuaciones ambientales actuales.

Al respecto, Juliana Vianna, investigadora de la Universidad Andrés Bello y principal firmante del artículo, advirtió que las poblaciones que residen en entornos insulares carecen de la flexibilidad para migrar o habituarse con rapidez a nuevos escenarios climáticos. Los modelos y proyecciones de la ciencia sugieren que diversos archipiélagos subantárticos sufrirán transformaciones climáticas críticas hacia el año 2050 a raíz del incremento de las temperaturas globales y las variaciones en los flujos de las corrientes marinas, poniendo en riesgo la estabilidad de estas especies recién clasificadas.

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