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Crearon un robot humanoide polinizador  

Crearon un robot humanoide polinizador  
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Un desarrollo tecnológico proveniente de Asia promete transformar las tareas agrícolas mediante el uso de automatización avanzada en la producción de cultivos.

En Beijing, durante la 33° Conferencia de la Industria de Semillas de China, especialistas del Instituto de Genética y Biología del Desarrollo, perteneciente a la Academia China de Ciencias, dieron a conocer al GEAIR 2.0. Se trata de un autómata humanoide concebido para intervenir en la polinización de flores agrícolas, el cual destaca por alcanzar un 92,8% de precisión en la localización del estigma floral y por completar cada procedimiento en un lapso inferior a diez segundos, abriendo así un prometedor camino para abaratar costes y agilizar la obtención de nuevas variedades en el campo.

A diferencia del prototipo antecedente, que únicamente disponía de un solo brazo flexible, esta renovada versión integra dos extremidades capaces de trabajar de forma sincronizada dentro del follaje del cultivo. Mediante la articulación de inteligencia artificial, robótica y herramientas biotecnológicas, el autómata logra desplazarse entre ramas e identificar flores de manera autónoma; durante una demostración en plantas de tomate, una de sus manos sujetó un contenedor con polen mientras la otra empleó un cepillo para fertilizar la flor, calculándose que una sola carga de dicho instrumento permite ejecutar en torno a medio centenar de intervenciones.

La trascendencia de esta innovación radica en su capacidad para asumir la polinización híbrida, una labor sumamente intensiva, dependiente de mano de obra calificada y sujeta a estrictas ventanas biológicas dentro de los esquemas de mejoramiento genético. Al automatizar esta labor repetitiva durante extensas jornadas, las firmas semilleras podrían aminorar la dependencia de trabajadores y escalar sus operaciones a menor costo, si bien el impacto comercial definitivo dependerá de factores aún no especificados, como el valor de venta del equipo, los gastos de mantenimiento y su adaptación a diversos tipos de plantaciones.

El progreso técnico no solo abarca el plano robótico, donde la visión artificial optimizó el reconocimiento del órgano femenino de la flor pasando del 85% al 92,8%, sino también el plano biológico a través del concepto de “codiseño cultivo-robot”. Esta metodología contempla la modificación genética de vegetales para producir ejemplares masculino-estériles que expongan sus estigmas, facilitando la tarea del dispositivo. Este enfoque integrado tuvo sus antecedentes en 2025 con un artículo científico publicado en la revista Cell, en el cual se demostró que la polinización cruzada automatizada en tomate lograba una eficacia equiparable a la manual, extendiéndose posteriormente las pruebas hacia la soja.

El salto de estas aplicaciones desde la horticultura hacia los grandes cultivos de granos plantea un escenario determinante para las cadenas agroalimentarias globales, en especial para América Latina debido a su peso en el comercio internacional. La irrupción de tecnologías como GEAIR 2.0 evidencia que factores como la propiedad intelectual, la automatización y la biotecnología tendrán un peso cada vez mayor en los costos y en la generación de valor agregado, a la par de las variables tradicionales como la logística o los aranceles, planteando a la región el desafío de adoptar estas herramientas sin acentuar las brechas tecnológicas entre los distintos estratos productivos.

Por último, el desarrollo de esta aparatología responde a la estrategia de China para garantizar su seguridad alimentaria, habiendo alcanzado un techo productivo histórico de 715.000.000 de toneladas de granos en 2025 con metas proyectadas a 725.000.000 hacia el año 2030. De este modo, la robótica y la inteligencia artificial se consolidan como ejes de resiliencia frente al cambio climático y la escasez de mano de obra, enviando una señal contundente al sector agropecuario latinoamericano sobre la importancia de integrar la genética y los algoritmos para preservar su competitividad frente a las principales potencias agrícolas mundiales.

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