La Santa Sede ha fijado una postura histórica frente a los desafíos de la era tecnológica con la presentación de “Magnifica Humanitas” (“Humanidad magnífica”), la primera encíclica del papa León XIV.
A lo largo de sus 110 páginas, el sumo pontífice analiza el impacto de la inteligencia artificial en la sociedad actual. En el documento, firmado el pasado 15 de mayo en conmemoración del 135° aniversario de la célebre encíclica Rerum Novarum de León XIII, el obispo de Roma desmitifica la idea de que los algoritmos sean éticamente neutrales y advierte con firmeza sobre la necesidad de establecer regulaciones estrictas que impidan que los sistemas automatizados terminen subyugando a los seres humanos.
El eje central del pronunciamiento pontificio radica en la preocupante centralización de recursos, patentes, infraestructuras y datos que hoy en día se encuentran bajo el dominio exclusivo de un puñado de corporaciones privadas, las cuales terminan dictando las pautas de interacción global y acceso económico de forma opaca. Para hacer frente a esta realidad, que según el documento fomenta la desigualdad y debilita la democracia a través de la desinformación masiva, León XIV apela a la creación de marcos legales robustos y auditorías externas que escapen al arbitrio de los gigantes de Silicon Valley, cuyas valoraciones en el mercado estadounidense superan incluso el Producto Interno Bruto de diversas naciones. La presentación del texto contó con la notable participación de Christopher Olah, cofundador de la firma de IA Anthropic, cuya presencia fue interpretada por las autoridades del Vaticano como un gesto de diálogo institucional similar al que se mantiene con mandatarios estatales, en un contexto donde dicha empresa mantiene disputas con el gobierno de Donald Trump por negarse a la explotación bélica sin restricciones de sus desarrollos.
El magisterio papal desglosa además los riesgos tangibles de la automatización en áreas críticas como el mercado laboral y la protección de las infancias, denunciando que las dinámicas de las redes sociales facilitan flagelos como la explotación y el chantaje digital mediante la manipulación de imágenes. Asimismo, el pontífice exige que cualquier proceso de reconversión industrial incluya salvaguardas explícitas para el empleo digno, rechazando que la rentabilidad económica justifique el desplazamiento sistemático de trabajadores a tareas alienantes o al desempleo. Por otra parte, la encíclica extiende la mirada ecológica heredada de su antecesor hacia la huella de carbono de los macrocentros de procesamiento de datos, al tiempo que censura categóricamente el uso de la IA en armamento autónomo, declarando inadmisible la delegación de decisiones letales a las máquinas y llamando a deponer el histórico concepto de “guerra justa”.
En un apartado sin precedentes que añade un profundo peso moral al documento, León XIV incluyó una disculpa formal e institucional por la complicidad de la propia Iglesia católica en la legitimación y práctica de la esclavitud durante siglos pasados, reconociendo el retraso histórico de la institución en emitir una condena universal contra dicho abuso. Este pedido de perdón adquiere un cariz sumamente íntimo debido al árbol genealógico del propio pontífice, que entrelaza tanto a antepasados esclavizados como a propietarios de siervos, según investigaciones recientes. Conectando las deudas del pasado con el presente, el Papa equiparó el sometimiento de antaño con las deplorables condiciones de explotación que sufren hoy los trabajadores encargados de extraer los minerales necesarios para la fabricación de microchips, consolidando así un llamado urgente a orientar el progreso tecnológico hacia el bien común y la preservación de la dignidad humana.



