El periodismo en Argentina perdió a uno de sus referentes con el fallecimiento de Samuel “Chiche” Gelblung a los 82 años.
La triste noticia fue notificada por sus allegados tras confirmarse su fallecimiento esta mañana en el Sanatorio Los Arcos de Palermo, establecimiento donde había sido internado a causa de una afección respiratoria. A pesar de los recurrentes percances de salud que lo afectaron durante el último año, el comunicador se mantuvo activo en los medios hasta sus momentos finales, poniendo fin a una trayectoria de más de medio siglo caracterizada por la innovación y la controversia tanto en medios gráficos como en la radio y la televisión.
La personalidad intransigente que lo caracterizó profesionalmente se moldeó desde una infancia compleja en Villa Devoto. Nacido en 1944 en un entorno familiar signado por la rigidez doméstica y la militancia política comunista de sus padres, decidió emanciparse a los 14 años. Vivió una adolescencia turbulenta, trabajando en oficios informales y enfrentando pérdidas dolorosas, entre ellas la de dos amigos cercanos y, tiempo después, la de su hermana menor Olga, a quien prácticamente educó. Estos hechos, sumados a una relación distante con sus progenitores, determinaron su enfoque sobre la vida y la forma en que construyó su propia paternidad.
Su ingreso al mundo de la prensa se produjo por vías atípicas y una dosis de audacia. Tras iniciarse muy joven en la recolección de noticias y valerse de recursos poco habituales para formarse, desembarcó en la Editorial Atlántida a mediados de la década de 1960. A partir de allí impulsó un estilo único que combinó coberturas internacionales de alto riesgo con una dirección editorial impactante en publicaciones masivas como las revistas Gente y La Semana. Ya en su madurez, desembarcó en la pantalla chica para convertirse en un fenómeno de audiencias a través de producciones emblemáticas como Memoria, al tiempo que extendía su presencia en las principales emisoras radiales y pioneros portales digitales.
En el ámbito personal y afectivo, su pilar fundamental fue Cristina Seoane, a quien conoció en los años setenta y con quien compartió casi cincuenta años de matrimonio, tres hijos y siete nietos. Gelblung, un hombre de marcadas excentricidades que abarcaron desde la colección compulsiva de objetos hasta el deseo manifiesto de viajar al espacio, transitó sus últimos años al frente de la conducción televisiva en Crónica TV y cosechando reconocimientos como el premio Martín Fierro. Quien siempre sostuvo que “uno tiene la edad de sus proyectos” mantuvo su ambición intacta hasta el último día, legando una impronta indeleble en la historia de la comunicación nacional.



