Cada 24 de octubre se llevará a cabo una nueva jornada de concienciación por el Día Mundial de la Lucha contra la Poliomielitis.
Esta fecha clave en la salud pública internacional tiene como finalidad reforzar la meta Global de eliminar por completo esta afección del planeta, al tiempo que busca concientizar a la comunidad sobre el rol fundamental que desempeñan las vacunas en la protección de la infancia frente a este patógeno.
Las acciones organizadas en torno a esta causa se sustentan en una trayectoria de varias décadas. Todo comenzó cuando la 41° Asamblea Mundial de la Salud aprobó un histórico acuerdo para erradicar la enfermedad a escala global, hito que dio origen a la Iniciativa de Erradicación Mundial de la Poliomielitis, encabezada conjuntamente por la Organización Mundial de la Salud (OMS), UNICEF, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Asociación Rotaria Internacional.
En el plano médico, la poliomielitis —identificada también como parálisis infantil— es una patología de origen infeccioso que puede prevenirse mediante la inmunización. Su impacto principal recae sobre el sistema nervioso central y suele registrarse con mayor frecuencia en la población infantil menor de cinco años.
El mecanismo de propagación del virus ocurre mediante el contagio de persona a persona, ya sea a través del contacto con secreciones respiratorias o por la vía fecal-oral. De no prevenirse a tiempo, la patología posee el potencial de provocar severas discapacidades de por vida en la niñez afectada.
En cuanto a su manifestación clínica, la mayoría de las infecciones suelen desarrollarse de forma asintomática sin presentar mayores complicaciones. No obstante, en determinados casos puede desencadenar una serie de síntomas manifestados en episodios de fiebre, cansancio generalizado, dolores de cabeza, náuseas, vómitos y molestias musculares.


