Las sospechas sobre una hipotética partida del Senador Flávio Bolsonaro de suelo brasileño con destino a EEUU terminaron salpicando el ámbito local tras la inspección de una aeronave de la firma Baires Fly en la provincia de Misiones.
El avión privado, procedente de la capital argentina, aterrizó en la madrugada en la terminal de Puerto Iguazú y fue sometido a severas revisiones por parte de los organismos correspondientes. No obstante, las autoridades de la Dirección Nacional de Migraciones descartaron de forma tajante que el legislador haya ingresado al país, confirmando además que en los documentos de vuelo no figuraba ningún tipo de registro o reserva a nombre de la familia del dirimente político.
La inquietud en torno a los movimientos del parlamentario surge en un marco de alta tensión judicial dentro de Brasil. Recientemente, por orden de Alexandre de Moraes —magistrado del Supremo Tribunal Federal que encabeza además la causa contra el expresidente arrestado por intento de golpe de Estado—, se le impuso a Bolsonaro la retención del pasaporte y la prohibición expresa de abandonar el territorio nacional. Al ser notificado de la medida restrictiva al salir de la residencia de su padre en Brasilia, el dirigente negó rotundamente pretender fugarse y catalogó el fallo como una maniobra de intimidación promovida tras los resultados de las últimas elecciones, sugiriendo que la resolución judicial se basó de manera equivocada en declaraciones previas de su hermano Eduardo.
En paralelo, los tribunales del país vecino profundizan dos líneas de investigación en las que el parlamentario resulta una pieza clave. La primera de ellas indaga una supuesta estructura de lavado de dinero vinculada al letrado Willer Tomaz, motivo por el cual la Justicia dispuso el bloqueo de 6.000 millones de reales asociados al abogado, levantó sus secretos bancarios y restringió cualquier contacto directo o indirecto entre ambos. Por otro lado, la máxima corte brasileña abrió un expediente adicional para examinar la posibilidad de un financiamiento irregular detrás del rodaje de Dark Horse, una producción cinematográfica de carácter biográfico centrada en la figura de Jair Bolsonaro.
De este modo, los estrictos protocolos aplicados en el control aeroportuario del norte argentino echaron por tierra las versiones que señalaban a Iguazú como el punto de trasbordo para un escape internacional. Mientras la tripulación de la aeronave —integrada por dos pilotos y una comisaría de a bordo— acreditó que la documentación del vuelo estaba completamente en regla sin la presencia del senador, el entorno de la familia Bolsonaro continúa afrontando severos frentes judiciales en los tribunales de Brasilia, donde el parlamentario insistió en que entregará sus documentos y mantendrá su defensa en el ámbito legal.


