Durante el primer trimestre de 2026 los ciberataques en Argentina aumentaron un 2%.
Según los datos revelados por la firma especializada Check Point Research, el país experimentó un incremento del 2% en la frecuencia de embestidas digitales, alcanzando un promedio de 2470 incidentes semanales por cada institución. Este fenómeno se enmarca en un contexto regional crítico, donde América Latina se ha consolidado como el principal objetivo de los delincuentes informáticos a nivel global, registrando un volumen de ataques un 9% superior al del año pasado, con más de 3000 intentos semanales por entidad.
Mientras que las estadísticas mundiales muestran una leve retracción del 5% en la cantidad de agresiones, el escenario local y regional parece moverse en la dirección opuesta, impulsado principalmente por la sofisticación del ransomware y la rápida integración de la inteligencia artificial en los procesos productivos. Sectores estratégicos como la educación, el gobierno y las telecomunicaciones encabezan la lista de los más vulnerados. A nivel global, las instituciones educativas enfrentan una presión extrema con más de 4600 intentos semanales, seguidas de cerca por las entidades públicas, lo que obliga a las organizaciones argentinas a replantear la ciberseguridad ya no como un costo técnico, sino como una condición básica para su supervivencia operativa.
Un factor disruptivo identificado en este periodo es la adopción masiva de herramientas de IA generativa dentro de los flujos de trabajo. El informe destaca que, aunque cada usuario genera un promedio de 78 solicitudes mensuales a estas plataformas, la falta de gobernanza ha convertido esta tecnología en un canal crítico para la fuga de datos confidenciales. Se estima que el 91% de las empresas que utilizan estas herramientas con regularidad han experimentado riesgos de filtración, y que una de cada 28 peticiones realizadas en entornos corporativos contiene información potencialmente sensible, exponiendo la superficie digital de las compañías de manera involuntaria.
En el ámbito delictivo, el secuestro de datos o ransomware mantiene su posición como la amenaza más dañina y persistente. El ecosistema criminal se muestra cada vez más maduro y diversificado; si bien grupos como Qilin, Akira y DragonForce concentraron el 40% de los ataques públicos en marzo, el reporte subraya la participación de otros 44 grupos menores que fragmentan el escenario. Esta convivencia entre grandes organizaciones delictivas y operadores más pequeños dificulta las tareas de desarticulación y confirma que los atacantes están reconfigurando constantemente sus rutas de intrusión para aprovechar cualquier debilidad en la infraestructura digital.
Finalmente, el análisis de la situación en Argentina durante este 2026 sugiere que la estacionalidad y la digitalización acelerada de sectores como el turismo y la hotelería —que crecieron un 30% en vulnerabilidad— están dictando las nuevas prioridades de los atacantes. El aumento sostenido de los intentos de fraude y el robo de datos confirma que el riesgo se mantiene activo y en evolución. En este entorno, la ciberseguridad ha dejado de ser un tema aislado para convertirse en una prioridad estratégica, donde la protección de los sistemas y la gestión de la inteligencia artificial son los pilares fundamentales para evitar el colapso de la continuidad operativa institucional.



