Un fósil que pasó casi un siglo acumulando polvo en los anaqueles del Museo de Historia Natural de Londres fue la clave para que la comunidad científica identificara al primer megaraptor hallado en el continente europeo.
El hallazgo se produjo cuando el paleontólogo Paul Barrett revisaba la colección institucional en 2020 y advirtió que un fragmento óseo, ingresado originalmente a la institución en 1924, correspondía en realidad a la caja craneana de un dinosaurio hasta entonces completamente desconocido.
El ejemplar, bautizado científicamente como Invictibellatrix Amberina, habitó en lo que hoy conocemos como la isla de Wight —en Inglaterra— hace aproximadamente 120.000.000 de años, durante el período Cretácico Inferior. Este descubrimiento fue formalmente dado a conocer a mediados de octubre de 2026 en las páginas de la revista científica Royal Society Open Science, tras un largo proceso de análisis que sacó a la luz la existencia de estos formidables depredadores en regiones europeas donde antes no se tenía constancia de su presencia.
Las piezas originales habían sido recolectadas en su momento en Sudmoor Point por el aficionado Reginald Walter Hooley, cuya prolífica colección de más de mil elementos terminó siendo adquirida por el museo británico. Para examinar con precisión milimétrica el frágil material, los investigadores recurrieron a técnicas de microtomografía que permitieron generar imágenes internas de alta resolución y reconstruir digitalmente tanto el cráneo como el molde del encéfalo, revelando los rasgos anatómicos que distinguen a esta nueva especie.
Aunque guardaban cierto parentesco evolutivo con los tiranosaurios, los megaraptores se diferenciaban de ellos por exhibir cráneos más ligeros, extremidades delanteras de gran desarrollo y garras curvas de gran tamaño que oscilaban entre los diez y los veinte centímetros, herramientas que este depredador de tres a cuatro metros de longitud utilizaba para cazar pequeños vertebrados y mamíferos. El término Invictibellatrix evoca la figura de una guerrera invicta, mientras que amberina alude directamente a los rastros de ámbar presentes en los estratos rocosos del yacimiento, un hito que demuestra una vez más el valor incalculable de reexaminar los archivos históricos de los museos.


