Los salarios formales acumulan una caída real del 2,3% en la comparación interanual, a pesar de que en agosto los ingresos lograron superar levemente el ritmo de la inflación.
Favorecidos por una desaceleración en el aumento de precios, los sueldos en el sector registrado encadenaron su tercer mes consecutivo de recuperación en términos reales. Sin embargo, los datos relevados por el INDEC dejan en evidencia que esta mejora reciente resulta insuficiente para compensar el deterioro acumulado, en un escenario donde el mercado de trabajo continúa mostrando señales de debilidad y pérdida de empleos formales.
Durante el octavo mes de 2026, las remuneraciones medias experimentaron una suba nominal que superó el índice de precios al consumidor del período. Al analizar los distintos sectores, el ámbito privado registrado fue el que mostró un mayor repunte real, mientras que los empleados públicos registraron un incremento más acotado. Dentro del propio Estado, las diferencias resultaron marcadas: los salarios de las provincias avanzaron a mayor ritmo, en contraste con los trabajadores de la administración nacional, quienes sufrieron la mayor contracción del poder adquisitivo frente a los niveles del año previo.
Esta lectura de los datos oficiales se vuelve más cautelosa al contrastarla con otras estadísticas del sector público. Tanto las métricas del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) como el indicador de la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE) exhiben variaciones más modestas en los ingresos. La discrepancia radica en los métodos de medición: mientras unos evalúan la evolución de puestos de trabajo comparables aislando factores externos, otros captan el total de los montos efectivamente declarados por las empresas, los cuales se ven afectados por reducciones de horas extras, ausentismo o cambios en la composición de las plantillas.
Finalmente, este tímido alivio salarial transcurre en un marco de progresiva contracción del empleo formal. Los registros previsionales indican un descenso sostenido en la cantidad de trabajadores registrados en el sector privado, en tanto que las mediciones de desempleo e informalidad laboral se mantienen en niveles elevados. De esta manera, aunque la desaceleración de la inflación brindó un respiro puntual al poder de compra de los asalariados, la reducción en los puestos de trabajo registrados condiciona el impacto positivo que esta parcial recuperación pueda generar en la economía general.


