El Presidente de EEUU Donald Trump emitió una orden directa a la Marina de los Estados Unidos para neutralizar cualquier amenaza en el Estrecho de Ormuz.
Las instrucciones de Trump a las fuerzas navales son disparar y destruir cualquier embarcación iraní, sin importar su tamaño, que sea sorprendida intentando sembrar minas en estas aguas estratégicas. A través de sus canales oficiales, el mandatario subrayó que no habrá vacilaciones en la ejecución de esta medida, la cual busca garantizar la seguridad en una de las rutas de transporte de crudo más vitales del planeta.
Más allá de la orden de ataque, la Casa Blanca ha exigido un despliegue sin precedentes en las tareas de limpieza del área. Trump confirmó que los buques “barreminas” ya se encuentran operativos en la zona, pero ha instruido formalmente que estas maniobras de desminado se intensifiquen hasta triplicar su capacidad actual. Esta decisión se enmarca en un escenario de bloqueo mutuo donde, desde mediados de abril, la Armada estadounidense ha sellado los puertos iraníes, impidiendo el flujo de mercancías e hidrocarburos hasta que Teherán acceda a negociar un nuevo acuerdo.
El análisis del Presidente estadounidense sobre la situación interna de Irán también ha sido un punto focal de su reciente comunicación. Trump describió un panorama de inestabilidad en el liderazgo de Teherán, señalando una supuesta lucha interna entre sectores “duros” —quienes, según su visión, están sufriendo derrotas en el campo de batalla— y facciones “moderadas”. Bajo esta perspectiva de un mando dividido, el Jefe del Ejecutivo estadounidense reafirmó que el Estrecho de Ormuz se encuentra bajo un control total y hermético por parte de sus fuerzas, asegurando que ningún buque podrá transitar sin el visto bueno de la Marina de los Estados Unidos.



