Un equipo de astrofísicos ha logrado detectar por primera vez los rastros dejados por la destrucción consecutiva de un par de estrellas gigantescas que pertenecían a un mismo sistema binario.
A diferencia de astros solitarios como el Sol, las estrellas de gran tamaño suelen nacer y evolucionar en parejas unidas por la fuerza de gravedad. Tras agotar su combustible energético, ambas estructuras colapsaron y estallaron como supernovas en un intervalo de tiempo relativamente breve, dando origen a sendas nubes de gas fulgurante conocidas como nebulosas.
El hallazgo, encabezado por el investigador Miltiadis Michailidis de la Universidad de Stanford y divulgado en la revista *Nature Communications*, se apoyó en más de 16 años de registros captados por el Telescopio Espacial de Rayos Gamma Fermi de la NASA. Los datos permitieron identificar a la nebulosa G189.6+3.3 cerca de la célebre “Nebulosa de la Medusa” (denominada oficialmente IC 443), situándolas a unos 6.000 años luz de la Tierra dentro de la constelación de Géminis. Los cálculos científicos estiman que la estrella asociada a IC 443 poseía entre 15 y 25 masas solares, mientras que el astro que originó a G189.6+3.3 superaba las 20 masas solares.
La reconstrucción de los hechos sugiere que la primera explosión estelar desintegró el vínculo del sistema y catapultó a la estrella sobreviviente a través del espacio, donde continuó su desplazamiento durante un periodo de entre 20.000 y 110.000 años antes de estallar a su vez. Aunque en sus etapas iniciales las dos estrellas orbitaban a una distancia muy cercana —lo que pudo haber generado un intercambio masivo de materia entre ambas—, en la actualidad los centros de los dos remanentes de supernova se encuentran alejados entre sí por una brecha de entre 30 y 50 años luz, existiendo la posibilidad de que sus núcleos hayan quedado reducidos a densas estrellas de neutrones.
Este evento ofrece una oportunidad histórica para la comunidad científica, ya que hasta el momento no se había registrado ningún par estelar binario en el que ambos componentes hubieran estallado como supernovas dejando huellas observables. El análisis de estas estructuras en expansión, compuestas por gas incandescente y materia interestelar comprimida, brindará datos de observación directos para comprender de qué manera la presencia de un cuerpo compañero altera las etapas finales de la evolución estelar, un ámbito que hasta ahora dependía casi en su totalidad de modelos teóricos y simulaciones por computadora.



